Cuando mi psicólogo me dijo que soy una persona muy complaciente siendo que soy impulsividad andante, me enojé, claro, yo tengo carácter, tengo personalidad, ¿y tus deseos, a dónde los dejás? ...
No sé a dónde se van mis deseos.
Algunas cosas son reales, pero vas a tener que adivinar cuales son.
Cuando mi psicólogo me dijo que soy una persona muy complaciente siendo que soy impulsividad andante, me enojé, claro, yo tengo carácter, tengo personalidad, ¿y tus deseos, a dónde los dejás? ...
No sé a dónde se van mis deseos.
La tristeza me persigue, siente que es la única que puede tenerme, las ganas de llorar corren detrás de mí, me alcanzan, cuando esto arde y llorar ya no es suficiente porque hay un hueco, un vacío, sigue ardiendo, cala hondo y profundo, la tristeza me avisa que se queda un par de días y no me levanto de la cama, prefiero dejar de respirar a qué cada respiro arda y me queme los pulmones, porque cuando esto arde todo arde, todo quema, todo se incendia, toda tu ausencia aplasta mi presencia y quiero correr hasta donde estés pero no sé dónde estás, esto duele cada vez más.
Volvé, dicen que eso no se pide pero no me importa pedir que salga el sol a la medianoche.
Estaba flotando en un océano infinito y profundo, pero no estaba sola porque estabas allí flotando conmigo, mis tres miedos estaban junto a mí y me abrazaban, no entendí por qué sentí paz y serenidad, por mi mente no corría nada, solo ese sentimiento de serenidad.
Me despierto y vuelvo 20 años atrás y estaba ahí esta pequeña flotando, sola, no entendiendo bien por qué siempre se quedaba sola si lo entregaba todo de sí e iba dejando un poco de ella por dónde pasaba, tal vez ese océano infinito en el que flotaba sea lo que me espera del otro lado hacia donde quiero ir, porque de este lado y en silencio guardo todo aquello que nadie escuchar y menos pensar.
Después de todo, despertar es una proeza para mí, vivir mucho más cuando pensás en no estarlo cada día que pasa y se te apaga la esperanza día a día.