Muchas veces proyectamos las ideas que tenemos como si fueran ideas que podemos trasladar a otras personas como si también fueran sus metas y no es así, nunca lo fue, ni lo será.
Ayer, hoy y mañana me voy a seguir planteando qué es lo que me hace compartir con vos, o qué fue lo que me llevó a compartir, qué fue lo que nos unió, porque muy parecidos no somos, porque muy parecido no pensamos, muy parecido no vivimos, no sentimos, no queremos, no sé si hasta tal vez no amamos de la misma manera.
Y la realidad golpea y muy fuerte, duele, porque esa idea es el resultado de años y años de anhelos muy profundos y de silencios, de esos que no se pueden compartir porque cuando quise hacerlo la respuesta me hizo llorar en silencio, porque no es solo este lado, nunca fue unilateral, qué estúpida que fui, esa idea que se convirtió en deseo que después se fue apagando es el sueño con el que todavía duermo y despierto, al menos en los sueños sí se puede hacer realidad la realidad que duele pero es tan amena y linda, esos sueños sí que valen la pena, pero son eso, sueños.
Te dicen -dale, perseguí tus sueños, no seas cagón, quedarse con la pregunta no es opcional, no es forma de vivir- ¿Y cuál sería esa forma correcta de caminar juntos? Si es que existe.
No, no soy muy romántica, pero sí que cuando llegaste me diste ganas de serlo, que cuando llegaste me diste ganas de creer, de creerlo, de creerte, de confiar, de pensar que sí la vida nos da oportunidades para que cuando venga ese tren podamos subir, con miedo, con ansiedad, con incertidumbre pero subirnos en fin y todo lo que pensaba que era anti yo, era todo nosotros.
Qué estúpida realmente, qué estúpida soy, si yo sé y tengo la certeza de que nunca voy a poder ser amada, no soy de las personas por las cuáles alguien se arriesga, se juega, se lanza, que presumir, que abrazar, que querer, que sentir que la vida es tan corta si no estoy, no soy esa, nunca voy a serlo y mientras más rápido lo acepte, menos tiempo me va a ganar este dolor.