Te pido que me cuentes cómo hiciste para dejar de sentir la magia, esa magia que solo se encontraba en tu mirada encontrándose con la mía, el revoltijo de la panza al pensarte, el sonreír imaginándote sonriendo, es que no entiendo, la magia de los besos y los mimos en el pelo, el nudo con cada chau, esa magia de lo inexplicable de encontrar tantas respuestas y llenarme de preguntas y que todo decante en vos y al final hayas sido vos la mismísima magia sin trucos, lo que cargo con cada fecha, esperando a que dejes que la magia te envuelva.
¿Magia? Me preguntaste, si, si por tanto tiempo guardé algo debe estar lleno de magia. Y lo está.
No hay receta para olvidar tanta magia.
¿Cómo van a convencerme de que la magia no existe?
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