domingo, 12 de abril de 2026

El primer y último colectivo.

  Ya habíamos escuchado sobre la pandemia, estallaba del otro lado del mundo, a pesar de todas restricciones el ser humano es tan idiota que todo el mundo tuvo que padecer la pandemia, el gobierno nacional ya venía planteando en noticias el aislamiento social, le pusieron fecha, nadie lo creyó, esa fue la última vez que viajé en colectivo, era una mañana muy hermosa, estaba sentada en el 110 camino a la facultad, estaba en cuarto año y llevaba en mi mochila toda la ilusión de volver a estudiar después de haber casi muerto y enfrentarme a nuevos desafíos, o así lo pensé, cargué el vaso térmico con té y los cuadernos que utilicé durante tres años (ya pasaron más de 9 años y sigo usando los mismos en otra carrera) y la sube bien puesta, esperaba lo mejor, ya estaba en el baile y tenía que bailar, no lo sabía con exactitud pero también era la primera vez que viajaba a un destino conocido para encontrar que todo lo nuevo era desconocido y el día de hoy quisiera no haber conocido nada de aquello que me hizo querer morir tantas veces, ahí estaba, parado, no sabía quién era pero tenía nombre y apellido, cara, camisa celeste a rayas y un perfume muy fuerte, olía a la sensación de muerte bordeando mi vida, cuándo la vida se siente en jaque lo sabemos, ese día lo supe, hoy me acuerdo de esa mezcla de emociones dentro del colectivo y tendría que haberme dado cuenta de qué me esperaba, los presentimientos no se equivocan chico, fui demasiado feliz, me dediqué a estudiar, a sufrir, a estar con mi familia, sentía que les debía ese tiempo pero durante tres meses no pude salir afuera porque la agorafobia volvió con más fuerza por el miedo instaurado en la sociedad, qué hermoso ese impasse en mi vida, todos se morían (mi mamá más todavía) pero yo estaba ahí, era re contra desesperante que no me alcanzara el tiempo para recuperar el mismo tiempo perdido. Lo intenté, era inevitable cruzar miradas y desafiar a lo que me enloqueció y después terminó por romperme, tuve que despedir a una parte de mi que se quedó en el cementerio y volver ese día vacía, fue la última vez la que hablamos que me ronda muchísimo, a veces volvés y me hablás y es cuando más desesperada y estresada estoy.

  Hoy además de cansada, estresada, agotada, drenada, liquidada, dolida, sentida, entre otros adjetivos que ya no sé cuáles mencionar, entre mis sueños los veo, vienen a darme un poco de ánimos a ver si arranco el vuelo pero me cuesta dormir si soy solo yo quién duerme y nadie se queda despierto a ver la realidad, me da miedo que pase algo y que algo tan idiota como dormir sea el causante de perderme momentos culmines, mucho texto. 

  Pandemia, amor, familia, tragedia, muerte, nuevo paradigma, dolor, duelo, fracaso, dolor, lastimarnos, volver a ser desconocidos porque no estamos en el mismo mundo, buscar el tiempo perdido, todo ésto en un solo viaje, el colectivo que me tomé fue el primero de muchas cosas y el último de muchas más, fue un antes y un después y qué lindo se sintió saber que no existías, mi vida era muy linda antes de saber que ibas a sacudir mi vida entera, la vida entera, el mundo entero. 

sábado, 4 de abril de 2026

Cuando ya no estés.

    Ya van unos meses donde cambiaste toda mi rutina, mi vida gira en torno a tu vida, la entrega del cuidado es parte no solo de mi persona sino también de mi profesión y mi manera de vivir, al principio no tenía tiempo para mí y fuiste tire y afloje, fuiste un te doy un tiempo pero en ese tiempo de voy a dar unos ratos de desesperación para que no te olvides de qué acá estoy.

   No sé si es por cómo veo, siento y actúo pero me estaba cansando y consumiendo, todo tenía que cronometrarlo para poner mis tiempos en orden con los tuyos y si llegaba sólo 5 minutos tarde te pedía perdón llorando y repitiendo que nunca más iba a pasar, ahora que no está pasando necesito que pase porque no puedo estar lejos de vos y quiero creer que no podés estar sin mí, que me necesitás como te necesito y que nadie te va a cuidar mejor que yo, qué egoísta, quiero tu bien a costa de mi mal, no quiero que te vayas porque no quiero soltarte y siempre pido a quién esté de turno un instante más para abrazarte, para olerte, para acariciarte, para escuchar música juntos, para tomar mates juntos, para que te enojes conmigo y yo me enoje con vos porque no me dejás ni ir al baño.

   Hoy llueve, hoy no estás acá, hoy no puedo hacer nada porque este tiempo a solas me hace pensar que tal vez no fue suficiente lo que hice y después me respondo que sí, que hice mucho y más, que toda esta lloradera no tiene sentido porque hay sentimientos y momentos que ya tendría que asumir, pero no puedo, no lo escondo tampoco.

   Porfa, no te vayas, mañana te voy a buscar, no te vayas porque cuando ya no estés no sé que voy a hacer conmigo sin vos.