Después de tantas noches de ser una pequeña niña que se iba a dormir con hambre, hoy el hambre me recordó que por más que lo tenga todo, sigo teniendo hambre, porque un colchón no se come, las penas no se comen, los silencios del enojo no se comen, las lágrimas no se comen.
Cada día vuelvo más a tratar de sanar a esa pequeña que me grita que me vaya a ser la persona grande que siempre pensé que iba a ser y recuerdo que me prometí que si llegaba a ser grande, jamás pasaría hambre nuevamente, perdón pequeña por no poder cumplir todas nuestras promesas.
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