Mi primer amor duró 8 años, lo amaba en secreto porque era una niña, y siempre pensaba que cuando él tuviera tal edad yo iba a tener tal edad y lo escribía en una libreta donde también escribía cuánto odiaba a mi papá y su desorden.
Con el tiempo me fui acercando a él y notó mi existencia, ya no era el fantasma que fui cuando pasaba a su lado, él era perfecto, siempre se vestía bien, era alto y yo soy alta y cada vez crecía más, mi amor de la infancia se volvió adolescencia, aunque me seguía doliendo todas las noches, cada vez que lo veía pasar con una novia, saber que se habían separado y ver otra nueva desfilando, pensaba, ¿qué eran lo que tenían ellas que no tuviera yo?; Sentía que tenía soberanía porque llegué mucho antes a su vida, yo lo ví crecer, yo lo ví convertirse en un príncipe para esta lagarto, sentía merecer una mirada ante sus ojos.
Al tiempo sentí que debía darle una oportunidad a alguien más, yo era un lagarto y nadie se fijaría en mí y llegó un chico que me prestaba más atención de la que podía pensar y nos mandábamos mensajes de textos a toda hora, hasta que te hiciste presente y mi novio adolescente pasó a segundo plano; pasábamos las tardes juntos mirando películas, tomando mates, yo estaba tan feliz porque todo iba muy bien y no sabía el caos que se iba a desatar.
Una noche me invitaste a ir a verte con alguna excusa que ya olvidé y me diste el beso que tardó 8 años en llegar, mi príncipe por fin volvía princesa al lagarto que estaba ahí, pero de un momento para el otro te tornaste en mi peor pesadilla y huí llorando. Cómo el ser que tanto amé pudo lastimarme tanto, no lo entendía, abusó de mi confianza, abusó de mi amor secreto, abusó de mi inocencia y ese día todo cambió, todo fue costa abajo, me deprimí, me apagué y me perdí.
Durante años negué ese episodio, aún todavía sueño que me tratás con caballerosidad cómo esta princesa esperaba, pero no soy una princesa, no soy como esas que tenían su lugar privilegiado y todo lo que rumoreaban eran verdad, mi príncipe era un ogro que manipulaba para gozar un rato de alguien y después desaparecer, solo era otro envase a estrenar, tomar del pico y tirarlo no retornable.
El ogro que destruyó mi adolescencia y transité esa destrucción en silencio.
Nunca fui una princesa, nunca fui hermosa, nunca fui inteligente y nunca pude superarlo. Siempre fui ese lagarto que se arrastró por sus dolencias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario