José, a secas porque no me acuerdo si tenía apellido, tal vez sí, vivía en la misma cuadra donde estaba mi casa en el pueblo.
Era una casilla de madera, sin luz ni agua corriente, José era uno de los muchos hermanos de una familia muy pobre, pero siempre jugábamos juntos, era uno más de la calle y descalzos jugábamos a cualquier cosa.
José nunca había entrado a la casa donde vivía y cuando lo hizo mi madrastra se enojó mucho y me dijo "vos no lo conocés, mirá si te roba algo de tu pieza, una cadena, unos aros, si me roba a mi, yo tengo cosas importantes y no pueden desaparecer".
Así fue como no me dejaron jugar más con José y tuve que empezar a jugar con una chica de la otra cuadra que era más aburrida que ver crecer el pasto en tiempo real.
Al tiempo la casilla dónde vivía José desapareció y pusieron una peluquería, claramente todos se alegraron de que José y su familia desaparecieran de la calle con grandes casas y autos de lujo.
Yo no.
No sé dónde fue, nunca lo volví a ver.
José a secas, tal vez nadie se acuerde de él pero yo sí, porque jugábamos a la pelota con la pelota más rota del mundo y así era feliz, no hacía falta nada, la calle me hizo feliz y hoy me doy cuenta por qué, los prejuicios de la casa no pisaban la calle.
Solo éramos niños, no hay que corromper la niñez con prejuicios adultos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario