lunes, 19 de diciembre de 2022

El ojo de la tormenta.

  Porque ya pasó el ojo de la tormenta, es irónico que dónde está el epicentro de la tormenta es donde más calma hay, al contrario de la creencia popular.

  En este momento entendí que aunque los amores sean quienes deban ser, no podemos frenar la vida solo por su ausencia, ya que no los podemos hacer presencia, lo único que nos queda es celebrar que la vida nos dió el gusto, el placer y la dicha de habernos cruzado una fracción de segundo en todo lo que es una larga expectativa de vida y sonreír. Este momento iba a llegarnos, iba a abrazarnos y se iba a quedar, para que sigamos viviendo y celebrando la vida pero no como una despedida sino como una bienvenida a todo lo que quiera darnos felicidad, nunca vamos a poder alcanzar aquello que fuimos pero tampoco hay que hacerlo, fue todo muy difícil y duro para llegar hasta acá, hay días donde me sigue costando años el mismo amanecer y otras veces es solo saber que yo tampoco sé que estoy haciendo, estoy improvisando y la verdad que me sale todo para el ojete pero tampoco puedo volver a cambiar nada, hay días donde pienso que el solo hecho de estar viva ya es demasiado y por otros momentos pienso en el fracaso que me llevé al seguir estando viva, que no quiero estarlo si sé que nunca más voy a volverte a ver, que solo puedo mirar al cielo para intentar saber cómo estás y adivinar si estarás pensando en mí, si, en esos momentos me encantaría estar muerta.

  Me dí todo un año para poder superar las ganas de querer morirme, no pude, pero eso es para hablarlo en otro post.

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