Hace mucho no me sentía así de bien y hace mucho no sentía que las cosas que están tan lejos estén tan cerca. Por eso quiero contar esto:
Llega el día de visitas, me baño temprano, sólo me bañaba los días de visitas, el resto los consideraba depresivos, trataba de no fumar tanto porque sino iba a quedar impregnada en un olor a cigarrillo.
Llegaba la hora de las visitas, esperaba ansiosamente, te veía llegar y sentía que un poco lo que estaba pasando era un pedazo de cielo en el infierno pausado y repetitivo, te contaba cosas triviales de cómo me estaba yendo, trataba de que mi pelo no se desacomodara y todos por un momento éramos felices, pero eso no iba a durar para siempre, empezaba a ver cómo todos se iban y no quería que te fueras nunca más, SE TERMINÓ EL HORARIO DE VISITAS y las chicas, esos rostros ausentes venían a abrazarme porque yo no podía con mi llanto al verte ir. Si no hubiera sido por esos abrazos me caía al piso, aunque una vez lo hice, me caí tan fuerte que la reflexión sobre el piso dolió tanto.
Hoy te veo llegar y es una alegría, no hay tiempo que nos divida y puedo contarte lo que hice durante el día y no hay nadie gritando que ya tenés que irte.
Y eso, es agradecimiento.
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