jueves, 12 de octubre de 2017

 Hoy sonó el despertador y tardé al menos tres días en levantarme, salí una hora tarde, salí a la hora que debería haber entrado, pero estaba saliendo.
 Días así no deberían ser laborables, o respirables, tal vez ni deberían ser. Sigo sintiendo que no debería haber salido de la cama, no debería haber salido de mí misma.
 El obelisco me miró y supo qué quería decirle, gritarle todo y deshacerme de ésta mierda. Pero solo es un mal día...


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