domingo, 8 de octubre de 2017

Una patada firme.

 Ayer mientras veníamos caminando, se bajó la barrera y me quedé mirando como se iba el tren del lado contrario, ignorando todo, y cuando miré hacia mi derecha, sentí una bocina tan fuerte que creí que moría, era el tren que venía desde nuestro lado.
 Últimamente sentí unas ganas de tirar todo a la mierda, nunca oculté nada de lo que sentía, no soy de las personas que disimulan y se me nota en todos lados, nunca pensé en morir, solo en desaparecer, pero estuve tan cerca, que ese momento me convenció de juntar todo y seguir caminando.
 A veces no necesitamos un empujón, sino una patada bien firme. (Y bien dada)

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