miércoles, 16 de septiembre de 2020

Días de la madre vacíos.

  Sebastián y Vanina se conocieron de la manera más insólita, fueron a bailar juntos porque a Vanina le había llegado un mensaje de Sebastián, le dijo, "hola, ponete linda más de lo que ya sos y vamos a bailar".

 Después él la llevó a ella a pasear por la ciudad, frenaron en alguna plaza y él sentía una necesidad de mirarla a los ojos, como si sus ojos gritaran algo que quería callar. Después de todo las palabras a veces no son necesarias, se despidieron y esa mañana comenzó algo efímero.

 Vanina a lo largo del tiempo que se siguieron frecuentando no quería tener nada que ver con el amor de alguien más, pero no sabía todo lo que esperaba.

 Sebastián le dijo que confiara y ella se lanzó, una tarde se sentaron en un escalón en una plaza y ella le dijo muy claro que no quería enamorarse pero que ya estaba hasta las manos con la situación, que lo amaba desesperadamente y que sabía que él no sentía lo mismo, sólo le gustaba la ingenuidad con la que Vanina se movía, él no podía resistirse a eso.

 Sebastián se mudó al poco tiempo, así fue como Vanina conoció a los amigos de Sebastián y se empezó a sentir parte de esa burbuja que sentía inalcanzable, hasta que un día llegó para decirle algo y no supo cómo decírselo y fue corriendo al baño de la casa de Sebastián, vió que habían muebles, accesorios, ropa, maquillajes y otro cepillo de dientes al lado del que estaba solo. Fue a la cocina para tomar agua y vió una ecografía dónde estaban los datos de una chica, era del tercer mes de embarazo y al lado un papel con una carita feliz y un "Iara y bebé".

 No supo cómo reaccionar y se hizo una bola en el suelo, Vanina estaba descubriendo que fue toda la historia un invento de su cabeza, lloró un ratito y se armó de valor, fue a confrontarlo, él admitió que tenía pareja hace años y que no la pensaba dejar, pero quería que esa noche Vanina se quedara con él porque no quería otros besos ni otros brazos. Ella le gritó que tenía un atraso, Vanina sabía que estaba embarazada, tenía dos test positivos en su casa.

 No le pidió nada más que irse de ahí, Sebastián no quería que se vaya y casi a la fuerza la retuvo, cuando ella llamó a un remis y le pidió que cuando esté afuera toque bien fuerte la bocina del auto. Agarró sus pocas cosas y se fue, no sin antes pegarle una cachetada por todo lo que le dijo, por todo lo que hizo y por lo que no iba a hacer.

 Vanina estaba decidida a criar a su hijo sola, su familia estuvo de acuerdo, sacó turno con los médicos correspondientes y unos días antes de la primera consulta donde sabía que le iban a hacer la primera ecografía, sintió como un dolor la desgarraba, se encontró manchada en sangre y desesperación, en el hospital le dijeron que fue un aborto espontáneo, que no se desanime y sea fuerte.

 Unos meses después Sebastián fue padre de un hermoso niño, con su novia de hace años, pero nunca supo que perdió un hijo. Mientras él pasa el día del padre muy feliz de ser bendecido con la compañía de su hijo, Vanina piensa en el día de la madre como el día que nunca fue, pero supo que por un momento hubo amor dentro suyo.

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