sábado, 5 de septiembre de 2020

Ese planeta que nunca viste.

  Los hechos de la siguiente historia son ficticios, los nombres de los personajes fueron cambiados y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.


 Ramiro era la traslación, Marianela la rotación y el planeta era su amor. 

 Ellos no lo sabían, eran jóvenes pero cuando se conocieron esa noche algo se selló, un destino que iba a hacer que ese planeta se parara si uno de los dos no estaba presente. 

 - No te enamores, le dijo ella a él, él se rió arrogante y pasaron los días, semanas, meses hasta que ella hizo a un lado su ego y aquella noche mirando a los autos desde la terraza, Marianela le pregunta a Ramiro, "¿Cuánto tiempo hay que esperar para amar a alguien?", él no supo contestar.

 En la cama esa misma noche, ella lo abrazó por la espalda y se le escapó un "te amo", había perdido la batalla, era la primera vez que ella decía que amaba a alguien en toda su vida y hubo un silencio desgarrador, hasta que él le respondiera "yo también te amo", Marianela se guardó las lágrimas de la emoción y volvió toda su alma al cuerpo, él también había perdido, pero lo que no sabían era que estaban ganando, no todos los días se ama a alguien y algo inexplicable les hizo saber que ese día el pequeño mundo que se formaba entre los dos cobró vida y se pobló de esperanza, de amor, de luz, de paciencia.

 Inventaron un lenguaje secreto para que solo los que eran parte de ese planeta lo entendieran y ellos eran los únicos dos habitantes, lo decoraron con gustos de recetas de cocina, las estaciones del año iban pasando y el mundo que crearon iba creciendo, hasta que una tarde el planeta extrañamente dejó de girar, todo se frenó, Ramiro caminó por esa puerta y cuando se fue, el planeta se apagó.

 Marianela estaba sola, tratando de que el mundo no se le viniera a sus espaldas, sabiendo todo el peso que cargaba y lo pudo mantener un tiempo esperando el regreso de Ramiro, para que todo vuelva a florecer, y que los mares vuelvan a tener olas, que las estaciones sigan pasando y volver a hablar en ese lenguaje secreto.

 Un par de veces se cruzaron sus caminos y el planeta era un fuego habitado por mil colores que se encendían e iluminaban toda la superficie, él le daba el agua y ella la tierra, pero volvía a apagarse y los fueguitos se congelaban.

... Hoy ya no sé si existe ese planeta, ya no sé si existe Marianela, ya no sé si existe Ramiro, no se pueden encontrar en la misma órbita, así fue como otro planeta murió, otro lenguaje secreto se perdió.

 Por algún lado del cielo, cuando lo miran, debería estar el cuerpo del planeta apagado desorbitando y flotando sin rumbo en el espacio gigante del universo. 

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