Me costó muchas regresiones llegar a mi última vida, pero cuando llegué me di cuenta de que la persona que fui no era tan distinta a mí, morí joven, era una mujer con muchas ambiciones pero la más importante era la sentimental, me di cuenta que en varias de esas vidas siempre terminaba con la misma persona y supe reconocerte por tu mirada, algo me decía tu nombre en presente, el nombre que te dieron en esta vida, pero era tu alma con la mía, a veces siendo hombre, a veces siendo mujer, pero te conozco desde 1800 y contando.
Una voz me dijo que por más que muera hoy, te voy a volver a encontrar para volver a enamorarte y a enamorarme, pero siempre sería algo truncado, algo difícil, hasta casi imposible, pero en esta vida no lo fue, a veces me toca extrañarte, a veces me toca ser extrañada pero nuestro paso por todas las vidas que nos tocó me enseñó tanto y más de lo que podría haber aprendido, aunque nuestro apogeo haya sido, todavía quedan mil vidas para poder ser y estar, sabés que siempre digo para ser hay que estar, si no somos no estamos, estamos siendo en otro lado que no somos, pero no te culpo porque cuando ví a la misma persona una y otra vez en mis vidas y no supe reconocer quién eras hasta que te vi y entendí que por más que aparezcas y sigas apareciendo, en algún momento y lugar siempre coincidimos, como una maldición de más de doscientos años.
No lo digo yo, hacé la prueba, me vas a ver ahí esperándote.
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