Ando con el alma cansada de rumiar tantas penas, mías, ajenas, de él, ellos, de vosotros, nosotros y nuestras, de todas las personas en las que se puedan conjugar una pena.
Lo que empezó como una pequeña sombra, se convirtió en oscuridad y esa penita empezó a rondarme y perseguirme, hasta volverse una verdadera pena, que pasó con el tiempo a ser una gran pena, de aquella penita sólo quedaba el recuerdo de cuando era tan chiquita, que solo a veces llegaba a molestar, pero ahora la gran pena soberbia quiere llevarse todo y hacerse protagonista de todo el espectáculo de la vida misma.
Quiere que le cante a ella, que la sueñe a ella, que la quiera a ella.
Estimada penita, tengo que pedirte perdón por no poder arrastrarte más aunque me lo pidas con esos ojos tan penosos.
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