Cuando era chica, era tan pobre que los sueños me quedaban gigantes, pero había una paradoja dentro de esos sueños, porque soñaba con cosas que existían, lo paradójico es que no se puede soñar con lo que no conocés porque no sabés que existe, y si llegara a existir, ¿cómo le das entidad a lo desconocido?
Cuando era chica y mis papás peleaban y terminábamos todos (hasta la vecina) en la comisaría de la comuna, antes era la del barrio, sólo soñaba con una cosa... Desaparecer.
Pero no desaparecer para estar en otro lugar, los problemas de los otros dejaron de ser de los otros cuando nos involucraron y tuvimos que crecer a golpes, peleas, discusiones, agresiones, crecer al cuidado de extraños que no sabría decir hoy qué cara tienen pero si sus manos eran muy duras. Quería desaparecer físicamente de dónde estaba, quedarme sin aire porque me dolía respirar por momentos, me dolían los ojos hinchados de tanto llorar por momentos, me dolía cada marca de mano, ojotas, cinturón que se escondían por debajo de la ropa por momentos, soñaba con algo que no sabía que existía y era la misma muerte.
En mi fábrica de sueños, le di entidad a mi fantasía, pero no sabía darle nombre, hoy entiendo de dónde vienen esas ganas de morir, siempre soñé con morir y rezaba a Dios que me llevara, soñaba con qué si hacía las cosas bien tal vez algún día me llevaría.
La fábrica de sueños más triste, puede ser, solo tal vez pueda ser, que la tenga yo.
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