Cuando vi como ella escribía el mismo apodo que me habías puesto, se me vino el mundo abajo, sí, uno no tiene que buscar dónde sabe que va a encontrar dolor, pero tenía una pequeña esperanza de que todo sea mentira y que en realidad vivo en mis sueños en esos cuando nos vemos y nada, ni el tiempo, ni las peleas, ni la distancia nos pasó, pensé que solo te pertenecía, solo a vos y hoy solo miro fotos, creo que en esta realidad tiene que bastar eso.
Aquello que se quedará y no se irá.
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