Lo cierto es que me presentaste situaciones de la mano y aunque no las entendiera seguí adelante, tal vez tendrías que haber dejado mi inocencia en dónde estaba.
A mí edad es normal no entender ciertos sucesos y no estar a la altura de las circunstancias, pero, me pusiste tanto entre la espada y la pared que aprendí mucho más de lo deseé saber, hiciste girar una rueda que no sé si estaba preparada para verla girar porque sabía que mi luz no iba a alcanzar, hoy veo todo muy distinto y dónde antes no soltaba, hoy suelto y ya no lucho más por las cosas que antes sí luchaba, porque creía que ese era mi papel, hoy si hay una preocupación, ya no me preocupa porque ese siempre fue mi papel, hoy no.
No puedo parar lo que ya empezó.
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