viernes, 25 de octubre de 2019

Y las sobras que quedaron... ¿Eran las que esperabas?

Si fuera por mí, me quedaría en mi casa todo el día sin salir, comiendo galletitas, pero, ¿Dónde está mi casa?
 Gran dilema.
 Ésta nunca fue mi casa y mi casa a la que pertenecía ya no pertenezco más, ni las llaves me quedaron. Cuando salí de mi internación le dije implícitamente a mi madre si no me podía quedar unos días en su casa y me dijo "andá a tu casa que te están esperando". Eso dolió un montón, como si hubiera seguido el castigo por lo que había pasado.
 Entonces, ¿Dónde está mi casa?
Dónde hay 4 gatos, 3 kilos de milanesas de pollo, dónde duermo del lado derecho de la cama y lleno el izquierdo de migas para vengarme, dónde te odio, te odio profundamente y no se lo puedo decir a nadie más que a mí porque no sé por qué. Dónde salgo al balcón casi desnuda a fumar a la noche cuando te dormís y después me baño, dónde me aseguro que te duermas primero y no me vayas a molestar ni tocar un pelo, pareciera más la casa del terror que la mía, pero sí, es mí casa.

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