viernes, 16 de octubre de 2020

Que tengo miedo a no volver.

  Ella estaba parada en Estomba 3151, en aquel portón verde y en frente de ella había una persona cruzando la calle, en la casa de al lado en la izquierda había otra persona y a la derecha había otra persona más, a las tres personas tenía que decirles algo importante, algo que la quemaba y la consumía  pero solamente podía elegir a una de esas tres personas porque el tiempo corría detrás de ella y sabía que esa decisión iba a marcar su vida.
 ¿Cómo elegir?
 Miró hacia el frente y después a la derecha, cuando miró hacia la izquierda sabía que ya había decidido pero esa persona se estaba alejando, corrió en busca de quien se estaba yendo, ya lo sabía en el momento en que se presentó la situación, su cuerpo la empujaba a seguir corriendo casi por inercia, pero en el camino se olvidó qué era eso tan importante que tenía para decir, parecía una eternidad y la distancia entre los dos se hacía cada vez más grande, pero sabía que tenía que alcanzar aunque sea a mirar su cara una última vez para considerar que ese momento era real pero no lo era.
 Personas de arena empezaron a seguir sus pasos queriéndola atrapar y en cada calle había una caravana de personas impidiéndole el paso, la calle Estomba es en subida, sentía que las piernas se le iban a vencer y así se quedaría el último recuerdo, ver la espalda de la persona que se alejaba. Entendió que lo único que tenía que hacer era quedarse en silencio y darle un último abrazo, cuando finalmente llegó y pudo abrazarlo, sus manos solamente rozaron sus brazos, las personas de arena la consumieron totalmente hasta los dedos que fueron los últimos en sentir esa piel, ese cosquilleo y desapareció en un eterno mar de arena donde se fusionaría hasta ser la nada misma.
 Esa persona nunca se dio vuelta, 
ella dejó de existir y su miedo se volvió realidad
nunca pudo volver.

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