Y mientras un relámpago iluminaba todo el cielo en la oscura madrugada, los dos sin remera abríamos los brazos al cielo esperando que la lluvia cubra nuestros dolores.
Mientras te reías, recitabas una poesía porque me dijiste que soy poesía y en un frenesí literario nos mezclamos entre letras, prosa, rima y verso.
Nunca nadie entendió tanto mi locura, hasta hoy.
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